viernes, 8 de diciembre de 2006

Congelados (sept. 2006)


Los últimos instantes de cada experiencia que vivimos son los más densos, los más intensos, a veces confusos, pero sobre todo, siempre inolvidables.

Un año después de haber descubierto Montevideo, regresé en agosto del 2006 para producir lo que sería mi último trabajo para la empresa ecuatoriana, en contra del tiempo, con algo de resistencia de algunas personas, incluyéndome a mi misma, porque estaba a sólo pocos días de dejar mi país y empezar una nueva vida con mi esposo, al otro lado del planeta, en tierra de aborígenes y canguros, en la isla más grande del mundo: Australia.

Desde que empezamos a pensar en navidad, supe que vivir la producción sería una experiencia extraordinaria. Aún puedo disfrutar las largas conversaciones en la agencia armando el brief, organizando las ideas, la presentación, la selección del casting, los "aló Norlop?, eee.. No, está equivocado", hasta los últimos detalles de un bosque encantado listo para ser filmado.

Así fue como nos embarcamos rumbo a Montevideo, una noche de vientos frescos en Guayaquil, con Pablo, el productor, además de ser mi gran amigo, Andrés, nuestro director creativo estrella y cientos de kilos de muñecas y zapatillas de playa. Sabía que ésta vez, el viaje sería distinto, sería especial, porque me despedía no sólo de Ecuador, sino de mi mundo latino; Montevideo era perfecto.

Llegamos con lluvia, con frío, sin sol, nada ideal para una producción en exteriores, pero magnífico para saborear la ciudad vieja, el centro, donde además estaba nuestro Hotel, al pie del extenso malecón que ellos le llaman Rambla, bordeando el río que también es mar, en un punto algo inexacto que desconozco.

Los días pasaban, el clima mejoraba y la ciudad se ponía de fiesta, porque hubo un día de feriado en medio del rodaje y todo se dio para que haya más romance en cada rincón de Montevideo. Si, parejas por todos lados, sin prisa, caminando, sentados en la Rambla, en la playa, en los parques, en los bares, en los cafés. Montevideo es para mi, un lugar donde el amor descansa, se asienta, se disfruta lentamente, como un buen vino.

Las jornadas de trabajo superaban las 12 horas corridas pero disfrutábamos cada una de ellas, porque todos éramos parte de cada cuento. Esas mismas jornadas nos llevaron a lugares distintos cada noche, teatro, performances, deliciosas comidas con quesos y vinos, pero lo más especial fue una taberna donde varios tangueros, de la vieja guardia, cantaban con el corazón en la mano: el funfun. Andrés nos llevó; él también había estado antes en Montevideo, así que decidí cambiar los antibióticos que estaba tomando para una gripe matadora por varios canelazos; recomendación del mesero. Tuve que creerle y todos me celebraron la decisión, incluyendo al mesero! Al final fue para bien, porque esa noche las estrellas me hablaron y los días siguientes sólo fueron mejores o mejor dicho, perfectos.

El tiempo pasó volando; me tenía que despedir. Pablo y Andrés se quedaron unos días más y a pesar de que quise posponer mi vuelo en mi mente, sabía que no podría, mi futuro estaba a 4 días de ser mi presente, y tenía que regresar a decirle adios a todo lo que ya empezaba a ser mi pasado, antes de que todo se mezcle y no sepa cómo manejar los tiempos ni las vidas paralelas que empezaban a cruzarse sin pedir permiso.

Esperando embarcarme en el avión, ya de regreso a Ecuador, me di las vueltas por el aeropuerto y en una de las tiendas de libros vi la primera plana del diario de la ciudad. Me llamó la atención una noticia que decía:

“Una escena al borde de la Rambla, frente al hotel Cala di Volpe, casi al borde del mar, conmovió a medio Uruguay el día de ayer.

A las 5 de la mañana, tres pescadores vieron dos cuerpos abrazados en el césped, cerca de la playa. Se acercaron, pensando que era una pareja dormida luego de un exceso prolongado de las fiestas del 24 de agosto, sin embargo, temblaron de la impresión cuando se dieron cuenta que eran un hombre y una mujer, abrazados congelados. "Congelados de amor", dijo uno de los pescadores.


La pesca se acabó; no sabían qué hacer, si tratar de separarlos, si llamar a emergencia, a la policía, si buscar en sus ropas alguna identificación. Sin embargo, sólo se sentaron a su lado, estremecidos, enternecidos, entristecidos, impresionados con la situación. Los pescadores dijeron que viendo sus caras hubiesen podido pintar un cuadro, escribir, contar una historia de amor.


Muchas personas pasaban trotando, en bicicleta, sólo algunas pararon a ver qué sucedía, quedándose a compartir un mate con los desconocidos pescadores que llegaron primero. Algunos dudaban si estaban vivos o no, porque su piel aún se veía tan suave; parecía como si estuviesen dormidos.


25 personas acompañaban a la desconocida pareja, especulando sobre qué les habría ocurrido realmente; cómo llegarían a ese punto; si acaso, su amor era tan imposible como para congelarlo, si fueron conscientes de lo que les esperaba, si nada tenía más sentido que abandonar todo lo que no fuese su mismo amor.


Pasadas las 8 de la mañana llegó la policía y una ambulancia para recogerlos, ubicar a sus familiares e identificar aquellas desconocidas pieles que nos estremecieron a todos y se convirtieron, la mañana entera, en un suceso que nos hizo reflexionar sobre el amor, la renuncia, la entrega, las oportunidades y el destiempo”.


Casi pierdo el vuelo, leí la noticia unas 5 veces y no podía parar de llorar. Todo era cierto. Fue esa madrugada del 26 de agosto, yo estuve ahí. Luego de todo un día agotador de producción, fuimos a un teatro clásico de Montevideo, trepados en un bus, viendo un performance ahí mismo, que lleva vigente 15 años; yo casi sentía que estaba viviendo en otro tiempo. Luego cenamos delicioso, resolvimos nuestras vidas profesionales con algunos vinos y regresamos al hotel, sonriéndole a la vida. Era mucho más que media noche y yo no podía dormir por la ansiedad de tener que cerrar un capítulo en mi vida que más que nunca, deseaba continuar.

Todo pasó tan rápido y tan despacio, escuchaba música sin tenerla, viendo desde mi ventana a dos seres caminando de la mano, por la rambla, a 4ºC, abrazándose y besándose. Se sentaron a ver el mar y yo podía ver cómo se miraban, cómo se acariciaban, cómo se hablaban al oído, y yo me preguntaba si era uno de esos reencuentros deseados, un amor a escondidas, un momento de reconciliación, o una despedida. Lo que sea que haya sido, era de verdad.

Me sentía totalmente invasiva, casi avergonzada, husmeando desde mi ventana un momento que no me pertenecía, que sólo era de ellos, a media madrugada, pero no podía evitarlo; estaban demasiado cerca; fue como ver una de esas intensas películas de romance, en blanco y negro.

Me desvelé hasta las 4 de la mañana -cuando ya tenía que
empacar, alistarme, desayunar y tomar un taxi a las 6- viendo desde mi ventana aquella escena que seguro conmovió a Uruguay; a mi me cambió el futuro, haciéndome reflexionar sobre la magia del amor y las oportunidades que la vida nos regala pocas veces para que vivamos con tanta intensidad.

Carta a Carlos (agosto 2002)


Mi flaco querido, amigo del alma, hermano; cómo así te fuiste sin avisar?
Cómo así fue que pasó todo tan rápido?

Si hubiese sabido que te ibas de viaje por tanto tiempo, me las habría alegrado para irte a ver más seguido, seguramente hubiese podido entregarte una carta más decente, informándote en términos oficiales lo mucho que te amo.
Te hubiese regalado flores, te hubiese dado más besos y te hubiese preguntado más cosas.

Te llevo a mi mente y lo único que se me aparece es tu sonrisa total, tus gritos de alegría cuando ya no puedes hablar por evidentes excesos del alcohol.

Amigo querido, te traigo a mi mente y lo único que siento es tu energía y tu espíritu. Todavía te siento tan cerca, todavía puedo verte tus patas flacas, todavía puedo sentirme intimidada por esa mirada profunda e intensa que trataba siempre de desmenuzar todos los secretos de la vida sin que nadie más que tú se diera cuenta.

Mi flaco querido, todos los segundos que compartimos, que en realidad se traducen en años, me pasan por encima como un album de fotos de esos que tanto disfrutábamos viendo.

Siento mi cuerpo helado, sin muchas ganas de casi nada, tengo tristezas y odios encontrados, cargo melancolías,... incluso me encuentro medio perdida a ratos, sin mucho horizonte, como si un trozo del corazón haya decidido irse contigo. Si es asi, estoy segura que donde sea que me lleves, sere feliz porque estare contigo creciendo hacia otra dirección, sintiendo el viento en la piel, cubierta de mar, de nubes, de más mar.

Mi flaco querido eres el primero en partir, el primero del jardín y quiero confesarte: nunca me lo imaginé. Crei que seríamos inmortales, crei que éramos para siempre. Estaba tan segura que íbamos a envejecer juntos, que nuestros hijos crecerían en el mismo barrio y todos seguiriamos reuniéndonos sin que pocos falten….pero ya ves, nos sorprendiste a todos, te fuiste primero.

Quiero decirte que cuando miro a cada uno de nosotros a los ojos, me siento en casa, porque en sus ojos no me puedo ocultar, en sus ojos no puedo engañarme. Talvez por eso un día dejé verlos, quería evitar que vean mi tristeza, necesitaba verla solo yo para sanar en paz... ahora que estoy mas tranquila puedo aceptar mejor las cosas, y volver a ver a nuestros amigos y a tu familia.

Vete en paz hermano querido, vuela alto, nada profundo como siempre te ha gustado... y cuídanos desde allá que nosotros estamos aquí para ayudarte.

Ceremonia. Ecuador. Mayo 2002

La ceremonia, el yoga, los rezos diarios,
los encuentros que uno va teniendo,
los sueños con el mar y sus encantos,
siempre me acercan a un mismo secreto:
en el amor se resume la vida,
se anulan los miedos,
se superan las tristezas,
se viven mejor las realidades.


Cuando me tocó hablar con el tabaco entre mis manos,
agradecí por lo que nos ha llegado a todos,
pero sobre todo pedí por aquellos que no sienten amor
y no les interesa sentirlo.

En el amor se descifra cualquier misterio;
la paz que siempre buscamos en nosotros o en el resto,
las ansias de sentirnos libres para luego morir por sentirnos acompañados,
las nostalgias de cosas que nunca hemos hecho o nos agotamos de hacer,
las tristezas universales, los cariños, las reflexiones,
el descanso, la sencillez, la humildad, el desapego,
el alma, la inspiración;
lo que sentimos que nos completa
y nos hace capaces de todo y de nada.

U2 en concierto (Sydney, Nov. 2006)


Luego de un día intenso por las calles de Sydney, con un clima bastante soleado y fresco, nos subimos al tren de la ciudad, tipo 7pm. Por ordenanza del gobierno se otorgó free-pass a todas las personas que compramos tickets para el concierto, y qué bueno! porque el estadio donde se presentaron estos dioses de la música quedaba bien lejos del centro de Sydney, donde básicamente pasa todo lo que se busca cuando se está descubriendo/conociendo por primera vez una ciudad.

Las puertas del Telstra Stadium se abrieron a las 5,30 de la tarde pero no estuvimos ahí para verlo. Nos bajamos en la estación y solo tuvimos que cruzar la calle. Cero cola, empujones, o desorden. Nos chequearon la mochila, que tenia una cámara Sony HD y nos la dejaron pasar. Encontramos nuestros asientos que quedaban justo de frente al escenario, es decir, que “solo” nos separaba toda la cancha, a lo largo. Aun así, sentíamos que teníamos los mejores asientos, porque no nos tapaban las torres de luces, no teníamos gente al frente y nos cubría un techo que aguantó una garúa importante por más de 40 min. El estadio estaba totalmente lleno.

8pm se apagó todo el estadio y una llama naranja con amarillo apareció en el centro de escenario; era Bono y la banda empezó a sonar. Todavía no podía creer que estaba ahí, primero porque siempre desee verlos desde que escuché “Sunday bloody sunday” y segundo porque los primeros segundos que a uno le pasa algo extraordinario no crees que te está pasando. Agarré la cámara y filmé lo que pude, tomé varias fotos y luego de casi 45 min. un policía se nos acercó a decirnos que si alguien del crew de U2 nos agarraba filmando con esa cámara nos podían demandar, asique básicamente, la apagamos.


Llevamos largavistas; fue increíble mirarlos a los ojos, ver cómo se mueven en el escenario, cómo sienten la música, cómo cambian de guitarras en cada canción y cómo Bono va desnudando su esencia a medida que el concierto avanza.

U2 no se presentaba hace 8 años en Australia, por las razones que hayan sido, y venían de tocar en Chile, asique empezó gritando: “Uno, Dos, tres, cuatro” y PUM empezó a sonar todo. El estadio con más de 80.000 personas desbordaba de emoción y aunque pensé que este tour iba a promover casi todo de su nuevo disco, tocaron máx. 4 canciones nuevas, el resto fue una mezcla fuerte de Rattle & Hum, Achtung Baby y Joshua Tree, seguido por un par de buenas canciones como “Beautiful day”; gracias a Dios!


Lo más impresionante del concierto, además de ver a Bono y The Edge, es el show multimedia que preparan y que sin lugar a dudas, es hecho a la medida de cada espacio del mundo en el que tocan. Acá en Australia, incluso el orden de las canciones tuvo una razón de ser por el mensaje principal que se quiso dar. Salió una asiática hablando muy mal el inglés, en la pantalla gigante, recitando los 4 puntos más importantes sobre los derechos humanos, mientras entraban y desaparecían por la pantalla en letras gigantes: somos iguales, sin importar raza, sexo, condición social, lengua; tenemos derecho a expresarnos, tenemos derecho a ser tratados con respeto, tenemos derecho a vivir dignamente.

Cuando cantó “Sunday bloody sunday” se puso una bandana blanca que tenia 6 simbolos clave, la cruz de los cristianos, la estrella de los judios, y otros mas que armaban una sola palabra que queria decir: liberación y nuevamente agradeció a Australia por ser un país que no solo proclama ser multicultural, sino que en efecto lo es; más de la tercera parte del país es gente de todos los lugares…. Y recordó a su irish people, sus guerras, sus motivos; fue bello.


Antes de cantar “One”… fue muy directo en decir que solo hay dos naciones en el mundo que tienen el poder de ser ejemplo de prosperidad: Canadá y Australia… y le dio gracias a Australia, otra vez, por ser lo que es, y luego cantó “where the streets have no name”… se apagaron las luces nuevamente y le pidio a toda la gente que alcen las manos y prendan sus celulares….. y dijo “oh yesss…..mobiles… dangerous weapons” …. Y se veían puras bolitas en todo el estadio, como las precarias pero inolvidables velas y luego encendedores que iluminaban los conciertos de antes. Le pidió a toda la gente que si alguien creía que ESTE era el momento en el tiempo en que ESTA generación está en condiciones de acabar con la estúpida miseria* en el mundo, que manden un mensaje con su nombre al número 191222.


Al final del concierto salió en la pantalla un mensaje que agradecía a todas las personas que mandaron el mensaje y todos recibimos un mensaje en el celular de parte de bono un mensaje agradeciendo y pidiendo que entremos al sitio Web www.makepovertyhistory.com.au (está bueno el sitio, péguenle una chequeada).

Finalmente, terminó el concierto, luego de despedirse 3 veces, con un “digeridooo”, tocado por un descendiente de aborígenes, quienes fueron los primeros seres humanos en ocupar la tierra de Australia hace 40.000 años. La pantalla se llenó de pinturas aborígenes, una cometa en forma de mariposa voló por los aires luego de cantar “Angel of Harlem” y “I know this is not good bye”.

La experiencia de haberlos escuchado y además haber seguido un par de entrevistas, me hace pensar que los manes si son de verdad. En una de ellas, Bono la terminó con esta frase: “People always says that you don’t have to talk about politics and religion at the table –he laugh- for us, those are the only themes we talk about at the table”….. otra frase posi fue una en la que estaba conversando con Michael Gorbachov y después de haberse pegado algunos tragos –ambos-, Bono le pregunta….”ic… mr. President… ic…do you believe in god?” y Gorbachov le contesta… bien embriagado…. “……eeee….iiccc..nou….ic… No, ... but I believe in the universe”...