viernes, 23 de marzo de 2007

Escrito en marzo del 2003 (Mancora TRIP)

Todo empezó con un deseo: escapar.
El norte de Perú fue un destino especial esta segunda vez,
porque después de haberlo conquistado en el primera viaje,
con mapas y contra el tiempo, lo que viví el fin de semana fue más bien,
un peregrinaje para el corazón.


Jamás dejé de hablar, jamás dejé de estar sola y jamás dejé escapar una caída de sol sin agradecer.

Disfruté del mar, de la espuma, de la arena, del cielo y las estrellas.
Caminé, dormí, me bañé con agua fría, comí pescado crudo, dejé de comer 24 horas,
me dio fiebre, tuve cólicos, me reí hasta llorar y tuve dos tremendos compañeros de viaje para el propósito que tenía:
contemplar.

Me prometí ver todos los verdes, sentir todas las brisas, oler cada detalle
y así fue. Así me detuve a cada instante y el tiempo dejó de pasar.
Los momentos se convirtieron en días y puedo asegurar que hubo uno en el que conversamos más de 24 horas y que aunque sólo hablábamos 3, en la habitación éramos 4.

Muchas almas solas, eso pude ver, casi todas vacías,
en parte tristes, en parte místicas,
en parte desesperadas, en parte reflexivas,
pero siempre escapando de su soledad y del amor.

Sigo sin entender, luego de 30 años, porqué el doble esfuerzo.

Estos nuevos meses han sido definitivamente especiales.
He entendido que la vida es para siempre, que nada se acaba,
que todo es un camino más. He entendido que somos agua,
y que no estamos solos. El sol nos calienta y nos quema,
el aire nos refresca y nos seca, la tierra nos protege y nos abomba.
Y la energía, …la energía está por todos lados y por eso somos vida,
Y por eso, todo es posible si lo deseamos realmente,
si no nos atamos a nada,
si somos libres para actuar sobre cualquier consecuencia
en nombre de la convicción más profunda que tengamos en el alma.

"La perseverancia es más fuerte que el destino".

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